Disfrazados con miles de capas de engaño salimos a la calle. Son engaños caseros. Nos dán seguridad y nos ayudan a creer que somos invulnerables.
Sufrimos decepciones, soledades y desamores y mentimos, sabemos que mentimos, cuando juramos que nadie volverá a herirnos. Lloramos alguna lágrima, o muchas, sin palabras. Deseando llegar a casa y abandonar una por una las miles de capas que nos cubren y meternos en la cama y cubrirnos una vez más en el recogimiento uterino de la funda nórdica.
Mi Perra y Yo
sábado, 26 de septiembre de 2009
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